Valoración paro marzo 2020

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Movimiento laboral registrado marzo 2020


El mes de marzo nos ofrece los primeros indicadores que reflejan los efectos sobre nuestro mercado de trabajo de la pandemia provocada por el coronavirus COVID-19, cuyas consecuencias no son todavía previsibles a falta de conocer cuál será la duración de esta crisis a escala internacional, puesto que condiciona el comportamiento futuro de sectores de gran peso en la economía nacional y regional, como son los relacionados con el sector turístico, con una gran capacidad de arrastre y que conforman mercados muy estacionales, donde la pérdida de una campaña podría poner en peligro la viabilidad de una parte sustancial del tejido empresarial.
En términos generales, se ha producido un incremento en el número de personas desempleadas registradas en los servicios públicos de empleo en 7442, que supone una pérdida porcentual del 7.07% mensual y que se manifiesta con claridad también en términos interanuales y bianuales, con un 10.71% y un 1.53% respectivamente.
La excepcionalidad de los datos, así como las incertidumbres acerca de su evolución futura, impiden un análisis en los términos acostumbrados, al desencadenar comportamientos cuya evolución no es todavía previsible, aunque sí se pueden observar algunos aspectos a nuestro entender muy destacables:

 

• En la distribución sectorial nos encontramos con un incremento drástico en el sector Construcción, que arrastra también a parte del industrial, y que alcanza en términos intermensuales un incremento del 32.16%, que se convierte en un 46.95% en interanual. Este dato resulta especialmente significativo si tenemos presente que su paralización obligatoria no se ha producido hasta el último día del mes.


• También de enorme importancia, por su peso sobre el total (68.54% del desempleo regional) resulta el aumento en el sector servicios de un 4.71%, con una clara concentración en los relacionados con la hostelería y el comercio, que tienen un peso sustancial en el mercado regional laboral, y sobre los que la duración de la crisis podría prolongarse debido a los diferentes ritmos de evolución de la pandemia en la escala internacional, que podrían dar lugar a restricciones duraderas en la movilidad.
La evolución futura de la crisis a que nos enfrentamos va a depender en primer lugar de su duración, muy condicionada por la capacidad de control de la pandemia en la escala internacional, y por el éxito de los programas de investigación que persiguen el desarrollo de vacunas, así como de la generalización de su uso.
En el peor de los supuestos, una crisis prolongada con fuertes restricciones a la movilidad internacional conllevaría sin duda daños irreparables en el sistema económico cuyas consecuencias no es posible evaluar todavía.
En el lado positivo se encuentra el aparente consenso en torno a la necesidad de la puesta en práctica de medidas anticíclicas keynesianas, que impidan que un fenómeno coyuntural por su propia naturaleza pueda causar un daño estructural irreparable.
En este sentido, resulta muy positiva la rápida reacción del BCE, aunque es preocupante la negativa a abordar el problema en la escala comunitaria que lideran Alemania y Holanda en el Consejo. Parece evidente que no se puede fiar la solución de un problema de escala global a la capacidad individual de cada nación para abordarlo.
En el contexto nacional, UGT valora la respuesta decidida de nuestro Gobierno que, con las lógicas dificultades que provoca el ritmo vertiginoso de los acontecimientos, que han tenido que ser abordados con un sistema de salud muy debilitado tras años de políticas radicalmente neoliberales, ha apostado por la defensa del aparato productivo y de sus trabajadores. Entendemos que apuntan en la buena dirección al encauzar el esfuerzo que, sin duda, va a tener que hacer España hacia el sostenimiento del sistema, buscando impedir que la crisis se lleve por delante el sacrificio de una década de penuria favorecida por el abandono de sus responsabilidades por parte de los distintos gobiernos desde 2008.
El comportamiento de nuestra sociedad, ejemplarizado por las trabajadoras y trabajadores de nuestra sanidad pública, que están supliendo con esfuerzo y un enorme sacrificio personal las carencias de un sistema debilitado por años de abandono, privatización del beneficio y colectivización de los costes; y de tantos otros colectivos que están asegurando el funcionamiento de las redes de abastecimiento y servicios esenciales; así como la disciplinada observación del confinamiento por parte del conjunto de la ciudadanía, merecen que, a diferencia de lo que se hizo durante la anterior crisis económica, sus necesidades estén en el punto de mira de la estrategia destinada a solventar la actual.